En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto. Simon Gardfield.

¿Tiene un mapa en casa?, ¿ ni siquiera una de las famosas guías Michelín o un atlas? Es probable que sí, pero también puede que no lo vea útil. “¿Para qué si en cualquier momento puedo consultar un mapa de Google o el sistema GPS del navegador de mi coche?”, se interrogará. El libro ‘En el mapa. De cómo el mundo adquirió su aspecto’ de Simon Garfield (Taurus, 2013) le responde que también esas formas digitales son mapas y  recuerda que no hubieran sido posibles sin la historia de cómo los primeros hombres empezaron a dibujarlos en el suelo o en la pared de una cueva para guiar sus pasos sobre la tierra. Este es un recorrido por la historia de la cartografía, que es tanto como decir por la historia de la humanidad.

Un mapa no es solo una forma de orientarse en un espacio sino ante todo una manera de organizar ese espacio para que sea comprendido. No hay nada más político que un mapa, que divide territorios, señala propiedades, recuerda a otros el dominio que se ejerce sobre ellos o nos permite, literalmente como nos recuerda la frase hecha, “borrar del mapa” a alguien.

.portada-mapa

El mundo tal y como lo conocemos no siempre ha sido igual. El sabio griego Eratóstenes creía que existía una fantástica isla de Thule, que los océanos estaban interconectados y que el centro de la tierra se encontraba en el mar Egeo. Los Mappa Mundi medievales poblaron el globo de quimeras y monstruos fabulosos para rellenar los espacios en blanco con figuras de terror; mientras que Mercator creó una famosa proyección que facilitaba la navegación, pero deformaba el tamaño de los continentes dando al mundo occidental una visión grandilocuente y privilegiada de sí mismo.

Existen también los mapas imaginarios, los de la isla del tesoro de Stevenson y la Tierra Media de Tolkien, los mundos virtuales de los videojuegos y hasta el mapa del metro de Londres, que no es ficticio pero sí presenta una apariencia irreal. Un mapa puede cortar de raíz un brote de cólera en el propio Londres victoriano o usarse como arma política para denunciar gráficamente los delirios imperiales de una potencia. Los mapas son esenciales en la guerra. Se mata por ellos y pueden engañar a personas lúcidas durante años que algo que no existe, como la famosa cordillera Kong africana, se encuentra allí.

Los mapas definen el lugar en el que vivimos. Aunque todos tengamos virtualmente un mapa en el bolsillo, paradójicamente hemos arrinconado planos y globos terráqueos de nuestra vida cotidiana. El libro de Simon Garfield nos invita a recuperarlos, a practicar el sano ejercicio de perdernos para descubrir hallazgos imprevistos, a levantar las narices de un mapa para observar el mundo con nuestros ojos. Al fin y al cabo, un mapa nunca ha pretendido, salvo en las ficciones borginas, suplantar la realidad, sino llevarnos al tesoro del encuentro con lo buscado

Advertisements
This entry was posted in Uncategorized and tagged . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s