‘Noviembre’. Jorge Galán.

El 16 de noviembre de 1989 fueron asesinados en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas de San Salvador (UCA) seis jesuitas y dos empleadas domésticas en lo que constituyó un crimen de oscuras motivaciones políticas sobre el que desde el principio el Gobierno y las Fuerzas Armadas salvadoreñas intentaron sembrar la confusión. Noviembre, el título de la última novela del también salvadoreño Jorge Galán (San Salvador, 1973), alude a los sucesos ocurridos en esa fecha, alrededor de los cuales se construye una narración que debe más a la crónica periodística y a la investigación criminal que al arte de la ficción. Prácticamente ningún personaje que desfila por sus páginas es inventado y en varios capítulos se alude y cita entrevistas que el autor ha mantenido en primera persona con algunos de los protagonistas que sufrieron o tienen información sobre el crimen, como son el caso del padre José María Tejeira, el superior jesuita Jon Sobrino o el expresidente de El Salvador Alfredo Cristiani. Noviembre es la reconstrucción y la condena sincera de unos asesinatos que, concluye, fueron planificados desde las más altas instancias políticas y militares.

2016-10-10-1476101168-1567781-galanEntre algunas de las historias que se anudan en su interior destaca la del padre José María Tejeira, provincial de los jesuitas para Centroamérica, quien fue informado en primer lugar de los hallazgos de los cadáveres tirados sobre el jardín de la universidad y que no tuvo ninguna duda de la implicación del Ejército y la connivencia del poder político en las muertes violentas. La orden de ejecutar a Ignacio Ellacuría y otros sacerdotes jesuitas, junto a su servicio, habría surgido durante los combates entre el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), de orientación revolucionaria, y el Ejército, cuyos mandos habían sido entrenados por Estados Unidos en la lucha antiguerrillera. Ellacuría y otros miembros de la UCA se habían destacado en ámbitos políticos y mediáticos como defensores del diálogo entre las dos partes y contrarios a la represión que la lucha contra el FMLN alimentaba por parte del Ejército.

Las páginas dedicadas a José María Tejeira sirven para dar luz acerca de lo que se comunica oficialmente del crimen y también de lo que se sabe extraoficialmente en los círculos del poder, mientras que otras partes de la obra alumbran, por ejemplo, la situación de la única testigo, Lucía Cerna, quien reconoce al batallón Atacatl del Ejército retirándose a la luz de unas bengalas señalizadoras. Estos capítulos sirven para fijar la posición de Estados Unidos y España ante el crimen y la sorprendente decisión de no dar protección a la testigo en España por iniciativa del embajador.

Galán narra también el asesinato del cura jesuita Rutelio Grande y de monseñor Romero mientras oficiaba la misa en el momento trascendente de la Consagración, con el fin de contextualizar y explicar una oleada de violencia que había puesto a los cargos jesuitas en su punto de mira por su cercanía a la Teología de la Liberación y su simpatía por las causas sociales. Destaca también el ambiguo papel del presidente Alfredo Cristiani, quien condena y lamenta personalmente los asesinatos pero parece incapaz de controlar a su vicepresidente José Merino López, de quien se asegura en este libro que se le vio aterrizando en helicóptero en la sede del batallón Atlacatl horas antes de la matanza. El padre-detectiva Tojeira tiene también encontronazos dialécticos con mandos superiores del Ejército que pretenden dirigir las acusaciones hacia el FLMN para atizar la lucha contra la guerrilla. Por último, Galán reserva sitio en Noviembre a la historia de un miembro de este batallón, que pese a no participar directamente en el tiroteo confirma que  la tropa participó en el despliegue alrededor de la UCA.

Noviembre es una acusación directa que le ha valido a su autor vivir exiliado de su país. No es una novela alegórica o un recopilatorio de dudas. Es un alegato a veces apasionado, pero donde también hay sitio para la poesía de este consumado poeta con varios libros en su haber. Es una mezcla interesante de entrevistas, datos periodísticos y hechos históricos que pretenden asentar la verdad y hacer justicia a los muertos. Solo la belleza descriptiva de algunos paisajes y sus diversos puntos de vista nos recuerdan que estamos ante una novela, al menos formalmente, y no ante una crónica periodística. Una brillante novela, añadiría, que no ha dejado a nadie indiferente en El Salvador, y tampoco debería hacerlo en España, patria  natal de casi todos los sacerdotes asesinados aquella madrugada de Noviembre.

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