‘La buena reputación’. Ignacio Martínez de Pisón.

Las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla son todavía para el resto de España unas grandes desconocidas, y dentro de la literatura casi terra incógnita salvo por los acercamientos a la guerra de Marruecos de principios del siglo XX que protagonizaron Ramón J. Sender, Arturo Barea y, más recientemente, Lorenzo Silva. La buena reputación de Ignacio Martínez de Pisón vino a paliar este olvido centrando buena parte de su argumento en la Melilla posterior a la guerra civil a través de la historia de una familia compuesta por el judío, Samuel Caro, la católica orgullosa y déspota Mercedes, y sus dos hijas, Sara y Miriam, quienes mantienen una tensa historia familiar a lo largo de medio siglo que se acompasa con algunos de los grandes acontecimientos ocurridos en Melilla y en la península. Es esta una novela de herencias envenenadas y de secretos donde se ocultan actitudes heroicas, miserias y relaciones naufragadas,

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La novela es una historia de identidades contrapuestas. Si Samuel Caro, el fundador de una dinastía de consignatarios portuarios, es un judío integrado que respeta las creencias y valores conservadores de la sociedad en la que vive, su mujer, Mercedes, solo siente un mal disimulado desprecio por el mundo de su marido y aspira a regresar con su familia a su Zaragoza natal, donde discurrirá buena parte de la novela. Esta confrontación se va abismando cuando Samuel se compromete en colaborar con el éxodo de judíos marroquíes hacia España, mientras que su mujer parte con una familia rota por la fuga de una de las hijas del matrimonio hacia Málaga y poco después a Zaragoza.

Cinco puntos de vista se suceden que nos ayudan a apreciar el paso del tiempo y la sucesión de generaciones. Mientras que las novelas de Samuel y Mercedes construyen la identidad original de la saga y conforman los recuerdos y señales de referencia creando un pasado mítico de respeto y posición social destacada, las novelas de una de las hijas, Miriam, y de sus dos vástagos, Elías y Daniel, ya están levantadas sobre los retazos e incluso ruinas de sus padres y abuelos. La sensación de estar atrapados por un ayer envenenado que nunca acaba de estar del todo claro ni resuelto, condiciona el discurrir de estas personas aprisionadas, y muchas veces fracasadas, en unas existencias que sienten no haber controlado del todo desde el principio. La reputación de la que habla el libro es, a la postre, un peso que modifica los planes originales que tenían para sus vidas y que demuestra al lector la diferencia que media entre el destino que nos corresponde y el que acabamos teniendo.

Miriam y sus hijos tienen que reconstruir a partir de sus recuerdos y de objetos que afloran con cada herencia y mudanza las verdaderas relaciones que mantuvieron Samuel y Mercedes, decidir qué pesa más en  ellos, si la herencia cultural de los judíos Caro o el pragmatismo de Mercedes y tratar de perdonar y perdonarse a sí mismos por ver sus sueños artísticos o vitales estrellados contra el muro de las decisiones de alguien que, víctima de los convencionalismos sociales de una época, pasó a la condición de victimario de sus descendientes.

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