Tú no eres como otras madres

Todas las historias sobre personas felices durante los años 20 del siglo XX en Alemania son tragedias. En algún momento de la fiesta alguien mencionará el nombre de cierto cabo austriaco y el telón caerá entonces pronto sobre los protagonistas entre huidas para salvar el pellejo, a veces de antiguos camaradas de parranda reconvertidos en matones nazis.

Tú no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff tampoco es una excepción. La protagonista de este peculiar libro de memorias, Else Kirschner, pasa de ser una liberada mujer de la clase alta alemana que va de hombre en hombre y recorre todo el compás de la juerga berlinesa junto a lo más granado de la cultura del momento, a encontrarse con la dura resaca de los años 30 y descubrir que pese a su arte para la fuga étnica es la hija de unos comerciantes judíos y, por tanto, para las nuevas autoridades de la esvástica, poco menos que un animal con derecho a nada.

Pero Tú no eres como otras madres no es el testimonio habitual sobre una víctima del nazismo. Antes que eso es el homenaje de una hija a su peculiar madre, alguien que quiso ser “lo completamente distinto” en el mundo que le tocó vivir, y que murió convencida de que había pagado el duro precio por su libertad y sus ansias de apurar la vida en forma de exilio y desgracias personales.

Este es un libro sobre la libertad religiosa, sexual, ideológica y vital de una mujer de una clase privilegiada, pero reglada y formal -la de los burgueses alemanes de religión judía a principios del siglo XX- y su lucha denodada para no ser como el resto y no cumplir el plan trazado para ella desde su nacimiento: casarse con un buen marido de religión judía y ser el ama de casa perfecta. Else Kirchner trata de vivir como una mujer moderna, adelantada a su tiempo, entre los placeres del sexo y los vapores del alcohol, a todo ritmo, convencida de encontrarse en el mejor lugar del mundo, esa Alemania rebosante de literatos, amantes de la música, filósofos y premios Nobel.

De cada hombre que se enamora concibe un hijo hasta reunir a tres vástagos, uno de los cuales, Angelika, escribirá al cabo de los años este nostálgico y arrebatado libro de memorias que deviene en novela sobre la suerte de una persona singular, alguien como Annemarie Schwarzenbach -recuerden Ella, tan amada de Melania G. Mazzuco- pero mucho más trivial, un personaje que podría haber salido de las casettes de Delphine de Vigan, una hedonista que busca sin embargo redención. Y su hija la dibuja con precisión, sin ocultar nada ni enterrar en explicaciones o justificaciones al lector. Se retrata en tercera persona, como un personaje más, a veces excéntrico y problemático, y es el punto de vista de la madre a través de sus cartas, diarios y opiniones quien la configura y traza.

Estamos, ya lo he dicho, ante un libro nostálgico, que carga con la pena de un mundo perdido, y sobre todo de una familia destruida por el fanatismo hitleriano y la guerra. Uno siente con congoja la suerte de esta gente algo indolente y pueril, pero que en ningún caso merecía la suerte que tuvieron. La historia no está para dar lecciones a las almas infantiles.

Amamos las historias que acaban mal, pero aún más aquellas que antes de acabar mal nos hacen palpitar. Else Kirschner no fue como otras madre, pero muchos ya quisieran haber tenido una madre como ella. Quien se asome a este libro descubrirá una manera singular de abordar la memoria, pero ante todo tendrá otra madre para siempre.

 

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