La novela sin spoilers: Homo Lubitz de Ricardo Menéndez Salmón

Será muy difícil que alguien resuma el argumento de Homo Lubitz, la nueva novela del escritor asturiano Ricardo Menéndez Salmón. Aquí no se corren riesgos de spoiler. Más que un argumento lineal, el texto es un viaje a lo sentimientos, ideas y obsesiones de una persona que consigue un gran éxito comercial, pero que vive obsesionado con lo aleatorio de la vida reflejado en los accidentes. Un gran accidente en concreto.  Como el que el 24 de marzo de 2015 ocurrió con el vuelo 9525 de Germanwings, cuando el copiloto estrelló voluntariamente su nave contra los Alpes. Su nombre era Andreas Lubitz. Ese es el hombre Lubitz: alguien que provoca una catástrofe sin que se esconda mayor significado detrás. Acaso una metáfora de nuestro tiempo.

Las consecuencias que un medicamento contra la intolerancia a la lactosa provocan en China, la búsqueda insensata del lugar que aparece en una fotografía e incluso un encuentro con el director David Cronenberg son algunos de los jalones que marcan un recorrido mental y sensorial por la culpa (la cura de la intolerancia ha provocado una elevada mortandad), la obsesión por la muerte y lo accidental (Lubitz), el pasado y también el valor del arte en el mundo de los argumentos racionales y las tramas bien cerradas.

Menéndez Salmón defiende la poética de lo aleatorio, la exploración de las metáforas, la libertad del lenguaje y la fluidez del pensamiento que en un solo párrafo pueden llevar al protagonista, el alcoholizado observador de sí mismo Richard O’Hara, a recordar a su madre o evocar el hotel de China en el que se alojó antes de su éxito en los negocios y su entrada en el museo de los horrores de la humanidad.

No hay que preocuparse por el argumento de esta novela ni indagar demasiado en su final. Hay que disfrutar del accidentado pasaje que el autor nos propone y detenerse a menudo, volver atrás, y cuestionarse lo que nos narra para seguir avanzando por el natural mundo de las ideas. Al igual que el fluir de nuestras mentes nunca es lineal, que nos contradecimos a nosotros mismos, se agradece también una literatura que ponga en cuestión el becerro de oro del relato. Y sí, podemos hacer spoilers: el avión se estrella, David Cronenberg estrena una película sobre el suceso y O’Hara contempla su vida como un cuadro de Pollock. Eso es todo.

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