Calle Este-Oeste. Philippe Sands.

La calle Este-Oeste es una de las principales arterias de la ciudad ucraniana de Lviv, que en apenas unas pocas décadas del siglo XX, las que van de 1914 a 1945, cambió cuatro veces de nombre a capricho de sus sucesivos ocupantes, austriacos, alemanes, polacos o soviéticos. Enclavada en el corazón de Europa, eje de oriente y occidente, entre sus muros se desarrolló una rica cultura fruto de la convivencia de diversos grupos sociales, austriacos, ucranios, polacos y, por supuesto, judíos. Mientras en sus teatros se representaban las mejores óperas, tras los muros de sus universidades se forjaba la gran revolución futura del derecho internacional. ¿Qué visión triunfaría?, ¿los derechos del colectivo?, ¿o el individuo como fuente última de toda justicia?

En esa calle se cruzaron los jóvenes abogados Hersch Lauterpacht, impulsor del concepto de crímenes contra la humanidad, y Rafael Lemkin, creador del término genocidio. Ambos confluirían años después en el juicio de Núremberg para condenar a otro hombre que también pasó por Lviv, aunque con fines bien distintos; Hans Frank, el abogado nazi nombrado por Hitler gobernador de la Polonia ocupada.

En esta encrucijada de destinos faltan los personajes más importantes, los familiares de Lauterpacht, Lemkin y del propio autor del libro, quienes fueron asesinados por los esbirros de Frank dada su condición de judíos. Ese es el tema central de Calle Este-Oeste, la persecución que sufrió el abuelo de Philippe Sands, Leon, su familia extensa, y la trayectoria vital y profesional de dos abogados también de ancestros hebreos que consiguieron llevar ante un tribunal internacional al responsable último de ejecutar a sus seres queridos, Hans Frank, de quien se ofrece también una semblanza biográfica.

En las fosas comunes de Lviv reposan mezclados los huesos de los familiares de los dos letrados protagonistas y del escritor de este libro monumental, documentado hasta la última foto, y al mismo tiempo conmovedoramente lírico y hermoso, un canto de amor a las vidas que fueron destrozadas por la shoa y, también, que porta la esperanza de que los criminales no escaparán a su destino.

Lauterpacht y Lemkin impulsaron el derecho internacional desde dos visiones contrapuestas, el genocidio frente a los crímenes contra la humanidad, pero a la postre tenían un mismo objetivo. El también abogado de La Haya Sands desmenuza sus biografías y las entremezcla con las de su abuelo Leon, su abuela Rita, su madre, y los terribles sucesos que tuvieron lugar en Ucrania hace no mucho tiempo, en un lugar no demasiado lejano, como nos suele recordar el Memorial and Museum Auschwitz-Birkenau.

Resulta complejo decir si este libro es una novela, un esbozo biográfico, una denuncia del asesinato en masa o el acta de un abogado sobre unos hechos probados, pero sí es un gran trabajo sobre esos seres anónimos que perecieron en las cámaras de gas, en sórdidas tumbas en bosques, y que desde su tierra reclaman justicia. Se la hace.

Iván Alonso Pérez

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