Fiume. Fernando Clemot.

En 1919, el escritor italiano nacionalista, exsoldado de la I Guerra Mundial y militarista demente Gabriele D’Annunzio (DA en el libro) ocupó la disputada ciudad de Fiume en la costa croata junto a un puñado de voluntarios y fundó el primer estado fascista del mundo, donde las artes, la música y la libertad serían el pilar de una república que legaría al mundo la teatralidad, los desfiles y el gusto por la violencia del régimen de Mussolini, Franco y el nazismo. La serpiente se incubó entre versos y hombres “libres y heroicos” que se amaban como querían.

En este interesante marco histórico sitúa Fernando Clemot su novela Fiume, historia de un hombre equivocado, el periodista americano Tristam Vedder, corresponsal del New York Tribune, quien se dejó seducir por los cantos de sirena del fascismo y la arrebatada personalidad del vate D’Annunzio, y que décadas después viaja a Roma como turista y no puede evitar que los fantasmas del pasado le asalten de nuevo.

Con habilidad de malabarista, Clemot pone en juego varias historias que no suceden a la vez temporalmente pero que sostiene con arte narrativo: la ocupación de Fiume y el nacimiento del estado fundado por D’Annunzio y sus arditi; la vida previa y llegada a la ciudad de Tristam Vedder; su relación con una mujer; su huida; su conversión a fascista en Estados Unidos y posteriormente su desengaño; la muerte de su hijo en combate durante la II Guerra Mundial, y el viaje de vacaciones a Roma tras la contienda mientras se deshace la relación con su familia y se exponen oscuros sucesos del pasado. Incluso existen otras historias paralelas de índole personal que caben en Fiume y enriquecen el entramado de una novela deslumbrante por lo que cuenta y lo bien escrita que está. Clemot podría utilizar su estructura como manual en sus talleres de escritura. Es un alarde que fluye con ligereza y naturalidad y enreda al lector en su sutil tela de araña donde la historia se combina con la vida personal de sus protagonistas.

El gran tema de Fiume es el fanatismo y la peligrosa seducción del totalitarismo sobre la mente de los desesperados. Seguro que muchos de los que creen luchar contra el fascismo hoy en día quemando contenedores o tirando piedras, se sorprenderán al leer que éste nació como un revulsivo cultural contra un mundo que se creía muerto, pero así fue. D’Annunzio ni fundó un partido conservador, ni habló nunca de orden, bajar impuestos y respeto a la Ley. Habló de poesía. Habló de drama, de música y de antigüedad clásica. Puso los sentimientos exaltados y la más refinada cultura en primera línea política y los convirtió en vanguardia de una forma de gobierno tan chiflada como brutal en su inocencia y adanismo: estaba fundando un mundo nuevo.

El periodista Vedder es la encarnación de todos los que se aburren en las imperfectas sociedades democráticas y buscan emociones fuertes, aunque acaben poniendo su propia vida en peligro. Caminar en el alambre tiene sus riesgos. Fiume es una novela elegante que marcha contra cualquier clase de fanatismo. Una advertencia del precio a pagar por tener una fe y pisotear en su nombre los sueños de los demás. Que cada cual la adapte y la interprete a la realidad que prefiera.

Iván Alonso Pérez

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