Paz, amor y death metal. Ramón González

Con retraso, pero sin relación con el estreno de la película dirigida por Isaki Lacuesta, leo Paz, amor y death metal, el libro en el que Ramón González contó su experiencia como superviviente del atentado en la sala de conciertos Bataclán de París el 13 de noviembre de 2015. Una confesión despojada, aséptica, racional y humana, pero con notables elementos literarios, que cuenta tanto su experiencia durante el ataque como los difíciles días y meses posteriores junto a su novia, Paula, y otros amigos.

González describe la relación de hechos casuales que le llevaron a estar esa noche en Bataclán y el momento del ataque. Son esas páginas sin duda las mas intensas y dramáticas; y ya en ellas sorprende el uso del lenguaje, objetivo, descriptivo, de frase corta y serena. Donde otros hubieran levantado un monumento a la sensiblería, Ramón González describe sus emociones, angustia y el modo en que sobrevivió de un modo controlado, cerebral, elevando su percepción personal a arte. Inolvidable esa visión de los terroristas rodeados de una extraña luz que volverá a aparecer más tarde o las horas pasadas escondido en un cuarto oscuro y repleto de gente.

A diferencia de El colgajo de Phlippe Lançon, que daba una importancia desmedida y a la postre algo vacía a la rutina de la rehabilitación, González aplica saludables elipsis a su trauma tras el atentado, que sin embargo es capaz de asentarse en días y momentos determinados. Así el primer fin de semana tras la tragedia el tiempo sigue detenido y la descripción de su sufrimiento es minuciosa, mientras que a partir de ahí se acelera y los meses se suceden rápidamente.

Policías, médicos, psiquiatras, pero también familiares, compañeros de trabajo y amigos se suceden incrementando en muchos casos con sus comentarios banales el sufrimiento del protagonista. El libro contiene una serie advertencia sobre el daño que llegan a hacer supuestas frases de consuelo o dejarse llevar por el odio y los clichés políticos de cualquier tendencia.

En medio de estos intercambios verbales, de la siempre trabajosa burocracia del Estado, nos dejamos llevar por la voz serena y calmada de Ramón Gutiérrez. En el ojo del huracán hay alguien que solo aspira a recuperar su vida, alejar sus traumas mediante la escritura y que no tiene tiempo para tesis sociopolíticas ni tampoco para condenar o salvar a nadie. Es esta inigualable escritura la que diferencia este libro de otras memorias insufribles del trauma, abonadas al victimismo, lo espectacular pero también, ay, lo vacío. Y no hay pocas de ellas hoy en día en las estanterías.

Iván Alonso Pérez

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