Velázquez desaparecido. Laura Cumming

La crítica de arte Laura Cumming viajó a Madrid a principios de los años 90 para tratar de olvidar la muerte de su padre, también pintor. Sus pasos le llevaron a las salas del museo del Prado, donde un destello de luz le hizo detenerse en una de las salas. Allí estaba colgado Las meninas, el cuadro de Velázquez que es, por derecho propio, uno de los protagonistas de Velázquez desaparecido, el libro sobre la pasión por el arte y el amor particular por la obra velazqueña que Cumming ha escrito tras años estudiando y dejándose seducir por las obras del que ha sido considerado el pintor de los pintores.

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Durante su proceso de documentación Cumming tropezó por azar con la historia de John Snare, un librero del siglo XIX de la localidad inglesa de Reading que en una subasta compró por poco dinero un retrato del rey Carlos I y que atribuyó desde un primer momento a Velázquez. Esta sospecha la confirmó a través de un escrito que resumía lo poco que se sabía en ese momento en Inglaterra sobre la obra de Velázquez, a menudo confundido con otros pintores como Van Dyck y cuyo nombre mudaba a variaciones como Velasky o Velasco, y la relación con el cuadro comprado. Su libro le enfrentó a los críticos de arte de la época y terminó con una demanda por parte de los albaceas de un noble escocés, convencidos de que la pintura había sido sustraida de su propiedad y comprada ilegalmente. La triste historia de Snare, que terminó sus días como emigrado en Broadway, Nueva York, es una metáfora de lo que la gente puede llegar a sufrir por amor al arte. Snare dejó atrás familia, negocios y prestigio social para abuhardillarse en América junto a su Carlos I como toda riqueza y defender su autenticidad.

Si Snare y su pintura desaparecen de la vista del público para consumirse en su pasión, el propio Velázquez se disolvió en sus cuadros para que brillara mejor su impecable técnica al óleo y su visión humanista de la realidad y de los personajes con los que trató. Velazquez desaparecido es también un personal tratado sobre su arte donde, alternándose con la historia de Snare, Cumming aprovecha para deslizar opiniones y pasar revista a lo mejor de su producción. Sus bufones, el retrato del Papa Inocencio X, Las hilanderas o las imágenes de Felipe IV son descritos con pasión, contagian el entusiasmo por un arte “democrático” que muestra a las personas como son, troppo vero para algunos incluso, como comentó el pontífice de su atrevido retrato, y se realza la consumada técnica de Velázquez, esa que le ha permitido elevarse sobre el resto como el maestro absoluto de la perspectiva, la pincelada precisa y el raro don de otorgar vida a través de la pintura.

Los Velázquez desaparecen, sufren el deterioro y las suertes del azar. Esta es la historia de las vicisitudes de un cuadro y el hombre que lo custodia y se consume por él, y también del raro milagro de que hoy podamos aún contemplar esa luz en el fondo de los ojos en los lienzos que sobreviven colgados en museos. Sin pretenderlo Cumming ha escrito un gran libro para aprender a amar el arte a través del gozo de ver. Con sus explicaciones podemos recorrer las galerías y asomarnos a esos cuadros que parecen mirarnos desde cuatro siglos atrás. Velázquez desapareció para que sus retratados pudieran seguir viviendo entre nosotros. Ese es el misterio final tras la peripecia de John Snare en su buhardilla neoyorquina y de los secretos de perspectiva que se encuentran en el milagro consciente de Las meninas.

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